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Una agricultura impulsada por datos e IA transforma la gestión del agua en Chile

9 de diciembre de 2025 | Por Juan Montes

CUENCA DEL RÍO MAIPO, Chile—Bajo un sol abrasador en este valle andino afectado por recurrentes sequías, una agrónoma chilena y un trabajador agrícola examinaban el suelo húmedo de un pozo recién excavado entre hileras de almendros.

La agrónoma detectó un exceso de humedad a 40 centímetros bajo la superficie y aconsejó ajustar el calendario de riego para mejorar la eficiencia del riego: dos sesiones semanales de 10 horas en lugar de un tramo completo de 20 horas.

“Lo ideal sería dividir el riego en dos sesiones y espaciarlas un poco”, le dijo Pía González al agricultor.

Felipe Pereira, administrador de esta finca a los pies de unos Andes nevados, accedió a implementar el cambio tras la cosecha de la cereza en unas semanas, cuando tendría más trabajadores disponibles. González registró su recomendación en una plataforma en línea que usa tecnología de Microsoft con cientos de datos sobre la parcela, el eje central de una solución que ayuda a los agricultores a decidir cómo y cuándo regar.

González trabaja en Kilimo, una empresa presente en siete países de América, incluidos Estados Unidos, México y Chile, que colabora con agricultores para optimizar el uso del agua y ayudar a sus socios a lograr sus objetivos de ahorro hídrico.

La herramienta combina imágenes satelitales con datos meteorológicos y del suelo, estimaciones de evapotranspiración de la tierra —que mide la cantidad de agua perdida a la atmósfera— y recomendaciones a pie de campo. La plataforma recomienda niveles semanales de riego, lo que permite al equipo de Kilimo monitorear las parcelas y confirmar los ahorros de agua casi en tiempo real.

“El objetivo es meterle más cabeza al huerto: agricultura de precisión”, explicó Pereira, un joven administrador de campos apasionado por los datos y la ciencia en una industria tradicionalmente informal y poco estructurada.

Kilimo asegura que la estrategia ha funcionado. Según la empresa, el proyecto de gestión de riego, que duró tres años e incluyó la finca de Pereira y otras 10 más, ha ahorrado 1,7 millones de metros cúbicos de agua en la cuenca del río Maipo, una de las más sobrecargadas del mundo y que abastece a Santiago, la capital de Chile, y al corazón agrícola del país.

Una segunda iniciativa de riego por goteo ahorró 400,000 metros cúbicos, lo que alcanzó en total más de 2.1 millones de metros cúbicos, suficiente para abastecer a 10.000 hogares en Santiago durante un año, según Kilimo.

Jairo Trad, CEO de Kilimo, lo describe como un ganar-ganar: los agricultores reducen el uso y los costos del agua, mejoran sus márgenes y obtienen incentivos anuales una vez verificados los ahorros mediante una metodología rigurosa. Las comunidades se benefician de la reducción del desperdicio de agua, mientras que Kilimo asegura financiación para futuros proyectos al demostrar resultados a sus socios corporativos. Estos, a su vez, cumplen sus propios objetivos de seguridad hídrica con datos verificados y auditables.

“El agua para la agricultura es esencialmente gratis … el desafío era dar valor al agua”, señaló Trad.

El siguiente paso: un sistema de agentes

Monitorear, verificar e informar de los resultados de la eficiencia hídrica es esencial para Kilimo, no sólo para proporcionar datos fiables sino también para asegurar la financiación que permita escalar su modelo en toda la región. Estas operaciones se ejecutan en Microsoft Azure.

“Para nosotros es lo más importante, el valor de medir el impacto”, añadió Trad.

La empresa ha desarrollado un ecosistema centralizado de informes en colaboración con Microsoft a través de Microsoft Foundry para integrar varias herramientas de IA, incluidos modelos de Azure OpenAI y tres agentes especializados.

Uno de los agentes es para información general, otro para dar seguimiento a proyectos específicos y un tercero gestiona los datos contractuales por parte del cliente y garantiza la confidencialidad. Los agentes permiten a los usuarios obtener respuestas consolidadas y rápidas sin necesidad de buscar en múltiples fuentes.

Un superagente coordina las respuestas y entrega información consolidada al usuario.

Por ahora, el sistema se utiliza a nivel interno pero Kilimo tiene previsto ofrecerlo a los socios financiadores mediante una plataforma interactiva donde puedan hacer seguimiento de los proyectos.

La solución también incorpora Microsoft Document Intelligence para analizar contratos y agilizar procesos internos.

Los proyectos en la cuenca del Maipo, creados en colaboración con Microsoft, marcaron un punto de inflexión para la empresa, según Trad. Hasta ahora, Kilimo ha asegurado más de 25 millones de dólares en contratos para restaurar 40 millones de metros cúbicos de agua—suficiente para llenar más de 10.000 piscinas olímpicas—en 15 cuencas hidrográficas desde Chile hasta Estados Unidos, lo que ha transformado tanto a la empresa como al sector de conservación del agua.

Fundado en 2014 por Trad y Juan Carlos Abdala, ambos ingenieros informáticos, Kilimo surgió de las lecciones aprendidas en una startup anterior y se propuso abordar uno de los mayores retos de la agricultura: el riego eficiente.

La cuenca del río Maipo era un objetivo ideal: la región enfrenta un riesgo «extremadamente alto» de estrés hídrico, según el Instituto de Recursos Mundiales. Suministra el 80% del agua de Santiago, que concentra al 40% de la población y del PIB chilenos. Tras 14 años consecutivos de sequía hasta 2022, según el Ministerio de Medio Ambiente del país, las temperaturas medias siguen en aumento.

Tecnología y contacto humano

Rosario Gumucio, directora de proyectos de Kilimo en el Maipo, explicó que los agricultores tienden a regar en exceso por precaución debido al bajo coste del agua. Los fundadores de Kilimo tuvieron una idea: utilizar la tecnología para proporcionar recomendaciones de riego y luego medir, monitorear e informar sobre el consumo de agua.

Para ayudar a los agricultores a gestionar los planes de riego, Kilimo recoge muestras de tierra, obtiene imágenes satelitales de cada parcela cada 60 horas y datos meteorológicos para los siguientes tres días para calcular la evapotranspiración y emitir recomendaciones precisas de riego que aseguren que el agua disponible en el suelo siempre se mantenga por encima del 40%, o más, según el cultivo.

Los agricultores reciben planes semanales, mensuales y anuales en sus dispositivos y Kilimo monitorea el progreso. Si algo falla, el sistema envía una alerta y un agrónomo le da seguimiento. De media, los usuarios han reducido el consumo de agua entre un 15% y un 20%, según Kilimo.

Los agricultores presentan de manera regular registros de riego, que Kilimo verifica mediante visitas de campo. El ahorro se mide comparando el consumo de agua con el promedio de los tres años anteriores, ajustado por precipitaciones según una línea base histórica. Luego, los agricultores son recompensados por su riego eficaz: la finca de Pereira, por ejemplo, recibió 5.000 dólares el año pasado por sus esfuerzos.

Todas las operaciones de monitoreo, información y verificación se ejecutan en Microsoft Azure. Los cálculos de riego se realizan dentro de Azure Kubernetes Service, un entorno seguro que ayuda a gestionar y escalar el software que impulsa las recomendaciones de Kilimo. Toda la información —como los registros de consumo de agua y los resultados de los proyectos— se almacena en Azure Blob Storage, un servicio diseñado para contener grandes cantidades de datos de forma segura y facilitar el acceso cuando sea necesario. 

Junto con los datos, la interacción humana directa es esencial para ganarse la confianza de los agricultores, explicó Gumucio. Los agrónomos visitan con regularidad los campos para hablar de recomendaciones de riego y llegar a acuerdos.

“Tratamos de cambiar una práctica milenaria, por lo que hay que tener empatía y tacto”, afirmó Gumucio.

Ahorro de agua y fertilizante

El huerto de Pereira, Agrícola San José, extiende sus almendros y cerezos a lo largo de un valle exuberante salpicado de álamos y palmeras. En el pasado, los agricultores confiaban en el puro instinto, regaban a ojo o seguían lo que hacían sus vecinos.

Seis meses después del inicio del proyecto de Kilimo, Pereira se convirtió en el administrador y  notó que algunas parcelas estaban demasiado regadas. Un día, el dueño le instó a regar los campos durante toda la jornada. «No, espérate”, le dijo Pereira, “La evapotranspiración sigue baja”. Convenció al dueño para que esperara.

La eficiencia mejoró: en octubre, sus parcelas ahorraban 54.000 metros cúbicos de agua en comparación con la línea base, un cambio drástico respecto a enero, cuando el uso de agua había superado el promedio.

“Lo más probable es que vayamos a una sequía pronto. El agua puede ser barata hoy, pero mañana puede ser cara”, reflexionó Pereira.

Cerca, entre colinas áridas, el propietario y administrador Juan Pablo Correa compartió una experiencia similar. En el pasado, regaba de más sus huertos de nogales y limoneros, principalmente confiando en la intuición. Los registros eran mínimos o inexistentes. En un inicio, Correa era escéptico, pero tras trabajar con Kilimo, el consumo de agua por hectárea durante los meses de riego pico cayó un 40% de 2022 a 2025, hasta 10,000 metros cúbicos.

“Sigo sus recomendaciones en un 90%. [La tecnología] es un buen complemento”, dijo Correa. En ocasiones ajusta el riego según la disponibilidad de mano de obra, podas inesperadas o si ve un área de tierra inusualmente seca.

Juan Ortega, gerente de la finca Lo Herrera, se unió a un programa especializado de riego por goteo para sus huertos de uvas y ciruelos. A través de esta iniciativa, Kilimo ayudó a instalar equipos modernos de riego por goteo, lo que cubrió la mitad del costo, con la idea de reembolsar posteriormente a los agricultores.

Con el medidor de flujo de Ortega instalado por Kilimo, los datos de riego se integran automáticamente a la plataforma de monitoreo para facilitar la verificación del ahorro hídrico. En octubre, el consumo de agua de Ortega cayó un 85%, a 900 metros cúbicos por hectárea, respecto al año anterior. “Ahora ocupo la mitad del agua de la finca; antes, tenía que dejar de regar”, dijo Ortega.

Al mezclar fertilizante en el agua, el administrador también ha reducido el consumo de fertilizantes en un 30%. “Esto es una maravilla para nosotros”, señaló exultante. “Nos ahorramos harta plata y material”.

Como muchos agricultores de la región, Pereira, Correa y Ortega exportan la mayor parte de sus productos a mercados internacionales durante los meses de invierno en el hemisferio norte. Chile es uno de los principales exportadores mundiales de fruta fresca, con ventas por alrededor de 7.500 millones de dólares en 2024, según el gobierno chileno.

«La exportación de fruta es exportación de agua en el fondo, y hay que darle valor a cada gota”, afirmó Gumucio.