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La tecnología impulsa a dos hermanos en una remada a través del Atlántico que estableció algunos récords

3 mil millas. 43 días. Dos remeros. Un barco.

Ese fue el desafío que Anna y Cameron McLean se establecieron al tomar parte en la que es conocida como “la remada más dura del mundo”. Cuando cruzaron la línea de meta en Antigua, establecieron dos récords mundiales Guinness: el primer hermano y hermana en remar a través de un océano, y el par de sexo mixto más rápido en remar a través del Atlántico.

Su jornada, a inicios de este año, estuvo llena de altas y bajas en sentido literal. Batallaron contra olas de cuarenta pies de alto en total oscuridad, tiburones, enfermedades, agotamiento, ampollas y discusiones que amenazaron con separar a su familia.

Pero una cosa mantuvo en curso a su relación (y a su barco): la tecnología.

En la mitad del Atlántico, la gente más cercana a ellos fueron los astronautas en la Estación Espacial Internacional que orbita el planeta kilómetros por encima de ellos. Microsoft Teams, la herramienta de colaboración, permitió a la pareja hablar con su familia en Reino Unido y con su equipo en tierra, para brindarles apoyo, información y aliento cruciales.

Teams también ha mostrado su eficacia para Anna durante el encierro, que trae sus propios desafíos de aislamiento.

Mientras estaba en el mar, Anna utilizó un dispositivo portátil de banda ancha para conectar su teléfono móvil a un satélite, para poder utilizar la aplicación en Teams. Esto le permitió chatear, llamar, e incluso transmitir video desde el Atlántico.

“Microsoft Teams nos ayudó a comunicarnos con tierra, y eso fue importante porque aunque hay riesgos y desafíos, el mayor riesgo para nosotros era separar a nuestra familia y romper esa relación entre mi hermano y yo”, comentó Anna, de 25. “Tener Teams nos ayudó a hablar con papá y mamá cuando en verdad los necesitábamos. No vimos a nadie más por un mes y medio, pero tener esa voz en el otro lado del teléfono, que sonaba tan cercana en Teams, fue reconfortante”.

Hay poder en la información, y la información que venía de Teams nos dio una ventaja competitiva

“Esa motivación que venía de casa nos dio fuerza”, añadió Anna. “Nos ayudó a competir en lugar de sólo sobrevivir. La información que recibimos a través de Teams nos permitió saber dónde estábamos en el Atlántico, cuántas millas más teníamos que remar, así como navegar”.

Cameron, que entrena para ser piloto, comentó: “Hay poder en la información, y la información que venía de Teams nos dio una ventaja competitiva”.

La jornada que llevó a Anna y Cameron a entrar al desafío Talisker Whisky, una remada anual de 3 mil millas desde las Islas Canarias a Antigua, comenzó muchos años antes que se alinearan con alrededor de 35 otros equipos en la salida en las Islas Canarias.

Anna McLean se toma una selfie mientras ella y su hermano Cam reman a través del Atlántico.

Cameron, siete años mayor que Anna, practicó remo en la universidad, mientras su hermana lo veía desde una banca y comía sándwiches de tocino. Ella siempre siguió los pasos de su hermano y también practicó este deporte cuando entró a educación superior. “Me encantó el remo. Siempre quise estar en el agua y mejorar. Me permitió tener claridad de mente”, comentó Anna.

En la Navidad de 2012 le regalaron un libro de Roz Savage, titulado Rowing the Atlantic (Remar por el Atlántico), “el cual marqué y resalté. Recuerdo pensar que era una cosa que necesitaba hacer en mi vida”.

Le pidió a Cameron ser su compañero de tripulación en 2017 después de que él nadó por el Canal de la Mancha, “Pensé, ‘bueno, ¡Le debe encantar el agua!’”, y luego comenzó con dos años de regímenes de agotador entrenamiento, cursos y preparación.

Sin embargo, nada los preparó para las brutales condiciones de la carrera. Remaron y durmieron en turnos de dos horas, 24 horas al día, en todas las condiciones climáticas, comían paquetes de pasta o fideos liofilizados a los que les agregaban agua fría y los dejaban en cubierta para que el sol los calentara; hervir agua era muy arriesgado debido al movimiento del bote, y una lesión podría limitar su capacidad de remar y obstaculizar su intento.

Para poner su desafío en contexto, más personas han escalado el Everest que las que han remado a través de un océano.

Anna y Cameron eligieron embarcarse en lo que es conocido como un cruce sin apoyo. Esto significaba que tenían que llevar con ellos todo lo que necesitaran para sobrevivir, incluido alimento (cada uno quemaba 8 mil calorías al día), agua (racionada a 50 mililitros al día), ropa, equipo de primeros auxilios y bengalas de emergencia. Todo dentro de su barco de 24 pies, llamado Lily, debía estar ahí por una razón, de otro modo era dejado en la costa porque el peso extra disminuiría la velocidad del barco. Pero eso también significaba que no habría nadie cerca para ayudarles si tenían problemas.

“La primera vez que remamos el barco en ese estado fue cuando dejamos atrás las Islas Canarias y comenzamos nuestra jornada de 3 mil millas”, comentó Cameron. “Estábamos en territorio desconocido, directo a mares complicados. Había un oleaje de tres metros en las primeras cuatro horas y nos aferrábamos a la vida. Cuando la gente piensa en olas, por lo general piensan en ir a la playa y sólo en el único movimiento de la ola que llega a la costa. Pero no es así en el mar. Tienes un oleaje primario y un oleaje secundario, y a menudo son de diferentes tamaños. Luego se unen y se amplifican. Entonces tienes estas olas aleatorias que rompen y que son enormes. Así que viene a ti desde todas direcciones. Es como si estuvieras en una montaña rusa, y ese movimiento no para hasta que llegas a tierra”.

Fotos que muestran a Anna McLean antes y después de remar a través del Atlántico
Anna McLean: Antes y después de la remada

También tuvieron problemas mecánicos. La función de dirección automática del barco falló poco después de que dejaron las Islas Canarias, lo que los obligó a tratar de dirigir el barco con sus pies mientras remaban. También se rompió su bomba de agua, lo que los dejó de manera potencial sin fluidos vitales. Por suerte, pudieron reparar ambos sistemas.

Incluso en las duras condiciones del Océano Atlántico, la tecnología hizo su trabajo y esos mensajes de apoyo a través de Teams eran más necesarios cuando alguna pieza se rompía o la enfermedad golpeaba. Anna desarrolló mareo marítimo, lo que la “incapacitó” por tres días, y los miembros de su familia le aseguraron que pasaría. “Estuvieron con nosotros en esta jornada”, dijo Anna. “Eso es lo que nos mantuvo a flote”.

El apoyo en casa era inquebrantable. Su padre, Andrew McLean, dijo que fue vital que pudieran transmitir ese sentimiento a sus hijos.

“Poder hablar con ellos y enviarles mensajes por Teams fue increíble para nosotros”, comentó. “Anna y Cameron dijeron que esas llamadas los mantuvieron en marcha, pero ellos también lo hicieron para nosotros. Estábamos preocupados por ellos, y Teams nos acercó a lo que pasaban. Eso nos permitió ayudarles y sentimos tranquilidad en poder hacerlo”.

Fotos que muestran a Cam McLean antes y después de la remada por el Atlántico
Cameron McLean: Antes y después de la remada

Anna añadió: “Podíamos estar en muy mal estado. Podíamos estar exhaustos, privados de sueño, sentirnos en verdad muy muy mal, en especial cuando las condiciones eran complicadas. Luego recibíamos un mensaje de nuestro grupo en Teams, que contenía a 70 de nuestros colegas, amigos y familia, y pensábamos, ‘lo tenemos, podemos hacerlo. Lo haremos por esas personas allá que nos apoyan’.

Sin embargo, la familia y los amigos sólo pueden hacer lo que les corresponde cuando están a miles de millas de distancia. Un día, mientras remaba, Cameron desarrolló lo que se convirtió en una lesión seria. Un pequeño raspón en su rodilla se infectó, dejándolo acostado en su cama compartida e incapaz de remar. Mientras su hermano tomaba antibióticos y trataba de deshacerse de la infección en su cuerpo, Anna se vio obligada a remar por 36 horas sin descanso.

“Le pedía a Anna que llenara mi botella de agua, que me alimentara, que me ayudara a sacar la infección de mi cuerpo y que me recordara tomar mis antibióticos porque yo sólo trataba de dormir para recuperarme”, comentó Cameron. “Quería subirme a los remos para ayudarla, pero a nivel físico no podía hacerlo”.

“Cuando los antibióticos comenzaron a trabajar y me sentía un poco mejor, tuvimos una conversación respecto a las perspectivas de cada uno y nos dimos cuenta que ahí afuera, a mitad de la nada, necesitábamos uno del otro. Éramos un equipo de nuevo, y fue ese trabajo en equipo lo que nos impulsó en la carrera y a competir, y hacer que el barco fuera más rápido”.

Un mapa de la ruta que tomaron Anna y Cam McLean por el Atlántico, junto a una lista de los peligros que enfrentaron

“El trabajo en equipo hace que el sueño funcione”, fue el mantra de la pareja. Una tarea que ambos tenían que hacer era limpiar percebes en el fondo de la embarcación cada tres días, para reducir la resistencia. A pesar de ver tiburones que estiman eran de alrededor de 14 pies de largo (“vimos una aleta que venía hacia nosotros, luego desapareció bajo el agua, y reapareció al otro lado de nuestro barco, comentó Anna), tenían que sumergirse en el mar y raspar el casco de manera manual. Aunque la sal era un agradable alivio del ardiente sol, la sal hizo que su piel se llagara, que sus ampollas se quemaran y la tarea les quitó aún más de esa preciosa energía.

De manera increíble, mientras ambos se recuperaban lo mejor que podían de enfermedades, agotamiento o golpes de los remos que golpeaban sus piernas, la pareja se dio un desafío aún mayor. Se fijaron la meta de adelantar a un equipo específico a quien Anna llamó “un grupo de muchachos del norte”, que estaban 108 millas náuticas por delante de ellos. Pero alcanzar y pasar a otro barco en el mar no es sencillo; no es como en una pista de carreras donde puedes recuperar tiempo en la siguiente curva o giro. Los vientos y el oleaje pueden ayudar a una embarcación pero perjudicar a otra.

Iban a requerir pura determinación y trabajo duro. ¿Pero qué más podían hacer? Ya remaban todo el día en turnos de dos horas.

Recibíamos un mensaje de nuestro grupo en Teams, que contenía a 70 de nuestros colegas, amigos y familia, y pensábamos, ‘lo tenemos, podemos hacerlo’.

Cameron comentó: “Anna se metió a la cabina a pensar, regresó 15 minutos después y dijo, ‘Ok, ya sé qué hacer. Necesitamos remar juntos el mayor tiempo posible para alcanzarlos’. Y eso fue lo que hicimos”.

Ignoraron las ampollas, el dolor muscular y la falta de sueño, y Anna y Cameron remaron juntos para alcanzar a sus nuevos rivales. La tripulación en tierra de la pareja utilizó Teams para mantenerlos al tanto de qué tan rezagados estaban. Una brecha de 108 millas se convirtió en 100 millas, luego en 80, luego 40, luego 10. De manera eventual, estuvieron junto a sus rivales, antes de pasarlos.

“¡Este es el mejor show!”, cantó la pareja con fuerza a modo de celebración. Cantar canciones de la película The Greatest Showman,  además de crear sus propios programas de televisión y hacer imitaciones, ayudó a aligerar el ánimo y a enfocar sus mentes durante la carrera.

Atracaron en Antigua un día y medio por delante de “los muchachos del norte”, y registraron un tiempo total de 43 días, 15 horas y 22 minutos. Eso fue suficiente para conseguir el lugar 18 en la clasificación general. Los ganadores, un equipo británico de cuatro hombres, completaron el cruce en 32 días.

Ahora, de regreso en Reino Unido, Cameron dijo que todos les preguntan lo mismo: ¿Por qué lo hicieron?

“De primera, diría que me gusta la aventura”, comentó. “Este es el desafío definitivo, es como el Everest del remo. Es físico, es mental, es muy técnico. Pero creo que la verdadera razón es que quería entender por qué ningún hermano y hermana lo habían intentado antes. Ahora me doy cuenta que hay una fortaleza absoluta en los equipos diversos. Sacamos las fortalezas uno del otro, encontramos un lugar común y creamos un barco veloz”.

Su madre, Susan, no podría estar más orgullosa. “La gente me pregunta cómo pude dejar que mis dos niños fueran a ese gran e increíble océano”, comentó, “Pero, ¿Cómo no iba a dejarlos ir?”

Anna y Cam McLean se abrazan en la meta después de remar por el Atlántico
Anna y Cam McLean se abrazan en la meta después de remar por el Atlántico

“Estamos aquí por poco tiempo y tenemos que adoptar estos momentos. Ellos tuvieron una visión, trabajaron muy duro para llegar ahí y estamos muy orgullosos de que la terminaron. El hecho de que lo hayan conseguido juntos lo hace aún más especial para nosotros como familia”.

Menos de un mes después de que Anna y Cameron regresaron a Reino Unido, el Gobierno estableció el cierre, enfocado en hacer frente a la pandemia de COVID-19. Anna todavía trabaja para AlfaPeople desde casa, y utiliza Teams para las reuniones (“en un día puedo hablar con gente en seis países diferentes”) y para una reunión de actualización de pendientes con sus colegas.

Philip Rawlinson, director en jefe de AlfaPeople, estuvo de acuerdo. “La primera vez que conocí a Anna, me inspiró su pasión y compromiso para avanzar e ir más allá, así que no me sorprendió que tuviera las aspiraciones de cruzar el Atlántico a remo. Estaba en verdad preocupado pero también sabía que ella se podía apoyar en Microsoft Teams durante el cruce”, mencionó.

Anna y Cam han pasado ahora más tiempo aislados en la casa familiar en Gloucestershire que en el mar. Sin embargo, Anna utiliza algunas de las técnicas que aprendió durante su viaje para mantenerse positiva.

Anna y Cam McLean celebran el final de su remada a través del Atlántico con bengalas encendidas
Anna y Cam McLean celebran el final de su remada a través del Atlántico con bengalas encendidas

“Cuando Cam y yo estábamos en el océano pensábamos a menudo en el futuro y en lo que queríamos hacer una vez que regresáramos a tierra. Pusimos nuestra energía en la planeación y hago eso mismo durante el encierro. Escribo un libro sobre toda nuestra jornada, desde recaudar fondos a la meta, y sobre lo que esta experiencia me enseñó sobre liderazgo. Se expande sobre esa noción de remar para competir, en lugar de remar sólo para sobrevivir, y creo que en este momento, eso puede aplicar para cualquier persona en el mundo”.

“Cuando entrenábamos para el cruce, nos dieron algunos consejos de parte de una coach de salud mental. Ella dijo que nuestras mentes son como el motor de búsqueda: tecleas una palabra y te da otras palabras relacionadas con ella. Así que, si pensábamos en cosas positivas, eso te lleva a más cosas positivas. Cada día, todavía pienso: ‘¿Qué voy a poner en mi barra de búsqueda?’”

Anna y Cameron han conquistado la remada más complicada del mundo, ingresaron a los libros de récords y recaudaron £32 mil libras (alrededor de $39,600 dólares) para UN Women. Así que, ¿Qué quieren hacer cuando termine el encierro?

“Me encantaría remar en otro océano”, comentó Anna. Cameron se movió con inquietud en su silla. “En definitiva, disfruté mucho la experiencia y Anna es una maravillosa compañera de tripulación”, comentó. “Pero eso es un no para mí”.